Por: José Ma. Narváez Ramírez.
Dice un sociólogo inglés renombrado, que nuestra gente es muy fácil de entretener y de engañar con cosas nimias, como (entre muchas otras), el fútbol, las tele-novelas, los discursos politiqueros de campaña, los comentarios humorísticos, los billetes de Lotería, las promesas de los Bancos, los informes de los políticos, las comedias de teatro, las mentiras de los aspirantes a ocupar puestos públicos, los programas de educación, las peleas de gallos Y como una prueba de ello pone en primer lugar a los merolicos, que con cualquier cosa atraen la atención de los ciudadanos y los embaucan con su palabrería, (no caen todos en su telaraña de babas porque estamos en época de crisis) pero algunos cristianos –buenas gentes- todavía creen en esas artimañas y le compran al parlanchín vendedor callejero su mercancía, que al llegar a sus hogares resulta –siempre- un fraude Pero hay algunos vivillos que los tienen como hinoptizados y no despiertan de su sueño, ni aunque vean que el dinero que ganan se vuelve humo dos días después de la quincena, que las promesas son las mismas (ya van a cumplir su primer bicentenario) y aquellos siguen su camino delictivo pleno de impunidad y pagado por el mismo pueblo con la silla presidencial y en los cómodos escaños de las cámaras, así como las sillas de gobierno estatal y las que se derivan realizando un saqueo atroz y abominable y todavía sacan para pagar lo que se robaron los anteriores que detentaron el poder
Esto tendría remedio si a la hora de votar cruzamos el papel de la boleta completo, sin especificar partido y asunto arreglado. Pero no faltan los incondicionales, los borregos, los compadres, los barberos, los parientes, los recomendados, algunos de los que anduvieron en campaña y los ciudadanos del aversipega que siempre les hacen el juego, sin descartar a los pegados a la ubre del presupuesto, cuando menos de las migajas que dejan los llamados de primer nivel.
No debemos descartar a los que son engañados con los inventos modernos, como los que ocupan sus computadoras para enviar mensajes y comentar en un chisme sostenido (que no es otra cosa que entretención y pérdida de tiempo) que terminan por lanzar ataques entre ellos mismos porque no le gustó el comentario que hizo algún usuario sobre éste o aquél asunto, en las líneas gratuitas del Internet (de preferencia político).
Lo inexplicable es que se olvidan de los que se auto-llaman: representantes del pueblo y lo roban a la saciedad, y muy orondos y lirondos entonan nuestro himno, enarbolan nuestra bandera y algunos la portan (en bandas al pecho), violan y re-violan la Constitución mientras ensanchan sus cuentas bancarias como sapos, que constan de diez o más ceros a la derecha.
Pero usted es muy libre de escuchar a estos merolicos modernos que utilizan los aparatos de técnica sofisticada para llegar a los oídos de los mexicanos y convencerlos o distraerlos para que los dejen saquear las talegas sin merecer un castigo, porque ellos mismos manejan la justicia y la lana.
Igual pasa con los periodistas que no deben desviar su misión de defender al pueblo, pero éstos en cuanto pierden la brújula los tachan de centaveros o de chayoteros porque ya cayeron en el chantaje, sin mirar ni oír a los que les sirven de tapadera.
En fin Control Señores Control Allá ustedes si desean seguir con la esperanza de que el que llegue a la silla disponga (como debiera ser) de la varita mágica de la honestidad, que rompa el nudo gordiano del poder político infame y ruin Conformándose con lanzar burlas y sátiras contra los que nos tienen con la pata en el pescuezo ¡Hay que defenestrarlos! De alguna manera, pero por algo se empieza
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