Por Óscar Verdín Camacho


No debe ser casualidad que cinco de los seis policías que han sido abatidos en los poco más de cuatro meses de estos gobiernos –estatal y municipal-, hayan sido atacados cuando se encontraban solos, no durante enfrentamientos.

El embate a los agentes es constante, y precisamente desde el 23 de diciembre hasta ayer habían muerto cinco policías, tres de ellos con una característica: fueron emboscados poco después de salir de sus casas para ir a trabajar. Los vigilaron, los siguieron, los mataron.

Tan sólo el martes de la semana pasada un policía municipal fue ejecutado minutos antes de las siete de la mañana, igual que hoy, cuando Juan Francisco Vargas Tarola, de 43 años, cayó sin vida al ser alcanzado por los balazos disparados por un grupo de sujetos.

Con domicilio en el fraccionamiento Jacarandas, Juan Francisco caminaba por la calle Jazmines. La agresión ocurrió a pocos metros del bulevar Colosio, a unos 200 metros del DIF estatal y muy cerca, también, de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal y de la Procuraduría General de Justicia (PGJ).

Precisamente la PGJ indicó que en el área del homicidio fueron recogidos 29 cascos de arma tipo cuerno de chivo y ocho más de .38 súper.

Aunque fungía como elemento de la Policía Municipal de Tepic, Vargas Tarola estaba comisionado a la Policía Nayarit, otra situación que no debe ser casualidad, puesto que cuatro de los seis efectivos que han muerto formaron parte de la misma.

A lo largo del día fue visto el patrullaje en grupos numerosos de elementos de la Policía Nayarit. En alerta, apuntan sus armas con visible exceso.