Por: Juan Fregoso
Ante la demanda interpuesta ante la Corte Penal Internacional signada por 23 mil mexicanos, en contra del presidente Felipe Calderón Hinojosa, por la presunta comisión de crímenes de guerra y lesa humanidad, el mandatario tendió una cortina de humo para desviar la atención del pueblo de México.
La agencia Notimex en su edición del pasado ocho de diciembre destaca que en Monterrey, Nuevo León, el presidente de la República afirmó que los narcos quitaron a 50 candidatos. Calderón dijo que existe el riesgo de la presencia del narco en las elecciones del año entrante, agregó que en Michoacán el crimen organizado amenazó y bajó de la candidatura 50 candidatos de todos los partidos políticos.
Subrayó que esta situación constituye un peligro para la democracia, sin embargo el presidente ignora olímpicamente que con su guerra infernal enfocada, supuestamente contra el crimen organizado, él es el principal responsable de poner en riesgo a la democracia, y naturalmente la elección federal, En realidad, Felipe Calderón trata de exculparse de su responsabilidad, y con ello, busca matar dos pájaros de una pedrada: neutralizar los ecos de la demanda penal que pesa en su contra y, por otro lado, justificar su guerra al erigirse como guardián del próximo proceso electoral.
El gobernante mexicano piensa que el país está conformado por enanos mentales, incapaces de vislumbrar sus verdaderas intenciones, las cuales estriban en echarle tierra a su nefasto gobierno que ha cobrado 50 mil vidas. Hábilmente intenta congraciarse con sus adversarios, al asegurar que entre los amenazados por el crimen organizado se encuentra no solamente su partido, sino también el Partido Revolucionario Institucional y el Partido de la Revolución Democrática, que según él, los chicos malos les pidieron a los candidatos que se alinearan ( o sometieran a sus propios códigos) con ellos, de lo contrario, los desaparecerían, por lo que algunos pretensos renunciaron a sus aspiraciones, explica Calderón con el ánimo de convencer con estos argumentos al pueblo de México.
Al fin reconoce la gravedad del asunto, es decir, después de cinco años le cayó el veinte al Primer Mandatario, quien expresó que es un problema grave, y no es una cosa ni personal ni partidista. Por supuesto que sí es un asunto personal, esto es, porque es una perversa estrategia orquestada por él mismo. Y su postura se encuadra en la lógica de la distracción, pues quiere evitar a toda costa que los mexicanos pasen por alto la demanda que tiene en su contra ante la Corte Penal Internacional, al mismo tiempo busca apuntalar a su delfín Ernesto Cordero, rumbo a la silla presidencial, aun cuando este personaje no luce por su opacidad, ya que lejos de presentar sus propuestas de gobierno ha optado por un enfrentamiento sistemático en contra de su correligionaria, Josefina Vázquez Mota, lo que evidencia una marcada misoginia y el temor de que Vázquez Mota sea la abanderada del PAN a la presidencia.
Cordero tiene miedo y ese miedo se deriva de que no goza de la simpatía de los mexicanos ni de los panistas, sólo cuenta con el descarado respaldo del titular del Poder Ejecutivo; ese es su principal punto de apoyo, que en otras circunstancias hubiese sido decisivo para sus pretensiones, pero el escenario que ha dibujado con el pincel de las bayonetas, Felipe Calderón, acota notablemente las posibilidades de que su hijo político logre arribar a Los Pinos.
El presidente de los mexicanos, con una simplicidad sorprendente echa mano hasta de los niños para justificarse su política sangrienta, pues afirma que hasta los infantes entienden su estrategia de seguridad en su lucha contra el crimen organizado. Este pronunciamiento constituye una ofensa monstruosa, ya que para justificar la violencia que ha desatado utiliza el estúpido argumento de que hasta los niños comprenden su estrategia seguridad; es un agravio porque muchos de esos pequeños a que se refiere en su absurdo discurso, han quedado huérfanos como consecuencia de su descabellada guerra. En este sentido, el mandatario da muestras de una gran insensibilidad ante el dolor de las víctimas, y por supuesto, de miles de viudas que han quedado en el desamparo: asoma el feroz rostro fascista que lo ha caracterizado desde el inicio de su violento sexenio.
Ese rostro feroz hizo su aparición el pasado 27 de noviembre, cuando según la prensa nacional anunció que la presidencia se enfocó en los 23 mil demandantes. A través de un desplegado firmado por el gobierno de la República se afirma que las imputaciones al gobierno de México son claramente infundadas e improcedentes. Constituyen verdaderas calumnias, acusaciones temerarias que dañan no sólo a personas e instituciones, sino que afectan terriblemente el nombre de México, por lo cual el gobierno de la República explora todas las alternativas para proceder legalmente contra ellos.
Resulta insultante que el presidente ignore las 50 mil muertes ocurridas durante su mandato; el rostro del autoritarismo vuelve aparecer al tratar de coartar la libre manifestación de las ideas, la libertad de expresión de un pueblo agraviado por un gobierno fascista que no acepta sus errores, pues de acusado pretende convertirse en acusador, en fiscal implacable contra aquellos que se han atrevido a levantarle la voz, a reclamarle por la vía del derecho su conducta criminal. ¿O es qué acaso el presidente tiene patente de corso, para hacer y deshacer a su antojo?
Por lo visto, sólo Felipe Calderón parece vivir en el mundo del autismo, que lo incapacita para darse cuenta que su estrategia ha fallado, ya que sus propios colaboradores finalmente han admitido esas fallas del gobierno calderonista. El propio secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, manifestó ante la Cámara de Diputados que la administración que encabeza Calderón, no ha podido consolidar una política de Estado para combatir el crimen organizado.
Mientras que el jefe de la División Antidrogas del gobierno federal, Ramón Pequeño, ha declarado que la batalla contra los cárteles no ha rendido los frutos deseados, debido a la penetración del narco en la sociedad y a la falta de respuesta de los gobiernos locales. En tanto que el ex funcionario del (CISEN), Carlos Antonio Flores Pérez, sostiene que la guerra entre las bandas delincuenciales y el gobierno federal ha cobrado mayor intensidad. Flores Pérez va lejos aún tras pronosticar que se espera que la ola de violencia aumente en lo que resta del sexenio, anuncia que habrá golpes contra la clase política, contra grupos empresariales y una serie de atentados contra aviones comerciales y oficiales.
Así pues, la mayoría de altos funcionarios del gobierno panista ya reconocieron la inutilidad de la guerra emprendida por el titular del poder Ejecutivo, sólo éste mantiene una ceguera oficial, pues está empecinado en continuar con su lucha antinarco hasta el último día de su mandato, sin que le importe en lo mínimo que sigan muriendo personas inocentes. El querer detener la política belicista de Felipe Calderón, a estas alturas ya es imposible, por lo que sólo nos resta esperar que la Corte Penal Internacional proceda conforme a derecho y le finque la responsabilidad penal correspondiente por los delitos que se le imputan.
Sería un importante precedente para el próximo presidente de la República, quien estará obligado a ceñirse al marco legal, pero si la Corte Penal Internacional opta por declarar improcedente la demanda, los crímenes perpetrados por órdenes de Felipe Calderón, quedaran impunes. La fuerza del estado habrá triunfado ante una sociedad que reclama justicia frente a los abusos de un presidente de corte nazifascista, que llegará al final de su mandato con las manos manchadas de sangre inocente.