*Los gobernantes se han convertido en limosneros, sin el apoyo de la federación no hacen nada
*Han aplicado una política cangrejista que mantiene al pueblo caminando hacía el pasado
*Acaponeta necesita industrias, más que adoquinados
* Preocupa que jóvenes profesionistas anden de choferes, y hasta en la delincuencia
*De qué les sirve el título si no ejercen su profesión, porque no hay espacios donde puedan ocuparse
*Y el gobierno no hace nada por remediar esta situación
*Pero cada trienio o sexenio sale una hornada de nuevos millonarios
Por: Juan Fregoso.- Tanto el gobernador, como los presidentes municipales y los diputados no están pensando en cuál es la función del gobierno, porque en lugar de gobernar se han dedicado en pedir limosnas al gobierno federal, son muy buenos para sacar recursos pero su función no es esa, su tarea es la de gobernar. Enjuicia el economista, Antonio Chumacero Gómez.
Enseguida añade; mientras andemos detrás de los recursos federales, ya nos fregamos, porque todo lo que se haga va estar condicionado a lo que diga la federación. Chumacero va más lejos aún, pues afirma que se ha trastocado la función del gobernante, ya que ahora resulta que nuestra función es limosnear, en lugar de gobernar.
Antonio Chumacero Gómez, obtuvo el premio nacional de economía política por el colegio nacional de economistas en 1982. En este contexto, los juicios vertidos por él son de gran peso, dignos de tomarse en cuenta, porque no provienen de un neófito en la materia sino de un hombre que conoce los vericuetos de la política, es decir, sabe cómo fomentar el crecimiento económico de los pueblos, sus afirmaciones son irrefutables como demoledoras, ya que efectivamente, los gobernantes que ha tenido Acaponeta, lejos de gobernar a favor del pueblo han optado por lo más cómodo: Pedir prestado a la federación, a sabiendas de que con ello están endeudando más al municipio.
Mientras los alcaldes no tengan visión, ni capacidad para innovar ni la aptitud para promover el desarrollo de la comuna desde dentro, no puede haber progreso real, porque no se puede depender todo el tiempo del gobierno federal. Esta es una política cangrejista, esto es, que en lugar de avanzar hacia adelante se está retrocediendo a pasos agigantados, en menoscabo de la sociedad, que exige de sus gobernantes no solamente calles adoquinadas u obras de relumbrón; se requiere crecer en el rubro económico, lo que no se ha visto desde hace lustros en el municipio de Acaponeta.
Y esta situación repercute en los jóvenes que al no encontrar oportunidades de un empleo digno, pasan a engrosar las filas de la delincuencia organizada. Y todo porque, como asevera Chumacero Gómez, nadie se preocupa por incentivar la economía, se enfocan más en la obra pública, probablemente porque de ésta sacan mejor provecho.
Esto es así porque ningún presidente municipal ha tenido la intención de traer industrias que generen empleos, a excepción de Maseca, que por cierto en los últimos años ha disminuido notablemente su plantilla laboral, no existen verdaderas industrias, sino simples almacenes que traen sus productos de otras partes. Ciertamente dan empleo a cierto número de trabajadores, pero no son suficientes.
Es criminal ver cómo en cada temporada de cosecha se echan a perder el mango y la ciruela, tan sólo por citar dos ejemplos, cuando un gobierno con visión e iniciativa podría fomentar la creación de verdaderas industrias, que generen por lo menos unos 800 empleos que den sustento a la familia, no solamente de este municipio, sino de las poblaciones colindantes, que también viven en la miseria, con salarios de hambre y sin prestaciones sociales. Sin embargo, los gobernantes no parecen tener la voluntad de impulsar el desarrollo económico para elevar el nivel de vida de sus gobernados.
Tenemos todos los elementos para hacer del municipio de Acaponeta, una comunidad próspera, pujante, principalmente la naturaleza, que sólo espera la mano benevolente de los gobiernos para hacerla producir eficientemente, pero no lo hacen por indolencia o por falta de capacidad. Y esto es reprobable porque en pleno siglo XXI seguimos estancados, pues mientras la población crece de manera anárquica, y con esto, sus necesidades, paradójicamente no crecemos económicamente; no hay empleo para darle los satisfactores que demandan las nuevas generaciones, y así se abona el terreno de la criminalidad, no el progreso del pueblo.
Por otro lado, hay que mencionar a los jóvenes egresados de las universidades, con sus respectivos títulos que de nada les sirven, porque no hay espacios en donde puedan acomodarse. Surge, entonces, la siguiente interrogante: ¿De qué le sirvieron estar encerrados en unas aulas durante 3, 4 o 5 años?, si no hay grandes empresas en las cuales puedan emplearse. Es deplorable ver a muchos profesionistas desempeñarse como taqueros, choferes, vendedores de seguros, mecánicos o vendiendo ropa, todo, hacen todo, pero menos lo que estudiaron. En tanto, cada trienio o cada sexenio vemos con impotencia cómo sale una nueva hornada de millonarios: La política de ser una ciencia para servir a la sociedad, la han convertido en una fábrica pero que da empleo únicamente a un selecto grupo de individuos.
En esta lógica, podemos afirmar que la ciencia política ha sido degenerada, corrompida, al ser desviada de su verdadero fin, que no es otro que el bien común, el cual no es más que procurar la satisfacción a las necesidades del hombre en su entera naturaleza espiritual, moral y corporal, procurándole la paz, la virtud, la cultura y las cosas necesarias para el desenvolvimiento de su existencia; que sea común ha de entenderse en el sentido de que el esfuerzo y el disfrute de estos bienes ha de compartirse en la proporción de la justicia, apunta el doctor en derecho, Luis Sánchez Agesta.
Por lo tanto, podemos concluir que el bien común se puede lograr cuando el gobernante tiene una visión diáfana de lo que realmente necesita su comunidad, y tener la voluntad de cambiar los viejos andamiajes que ya no sirven porque la dinámica política-social está en un constante proceso de transformación.
En este sentido, el gobernante deberá adaptarse a sus circunstancias, porque lo que antes funcionó hoy puede resultar anacrónico y hasta contraproducente; Acaponeta requiere con urgencia crecer económicamente, pero de seguir aplicándose las mismas políticas de antaño, nunca vamos a salir del círculo vicioso en que nos encontramos, seguiremos como el perro que intenta ingenuamente morderse la cola sin lograr su objetivo.
Esperemos, que este gobierno no se limite ni se conforme con sólo empedrar o adoquinar callejas, sino que busque la forma de atraer a los inversionistas para instalar fábricas que proporcionen los bienes que tanto necesitan los acaponetenses, de lo contrario, no habrá progreso real ni se beneficiará a toda la colectividad, sino sólo a unos cuantos, se diría que a los mismos de siempre.