Hace un año, tras el desvanecimiento de la señora María del Refugio Jiménez Graxiola, doña Cuca, parecía que llegaban sus últimos momentos de vida. Estuvo varios meses enferma, con problemas del corazón, propios de su edad puesto que en julio pasado cumplió 95 años.

Con más de 60 años de vender tostadas de chanfaina, bofe, hígado, carnitas, en su casa de la calle Durango, entre Allende y Abasolo en el centro de Tepic, la inactividad la lastimó aún más.

Sin embargo, volvió a nacer cuando en abril pasado, su bisnieto Víctor Humberto Gutiérrez y la esposa de éste, Cynthia García Alfaro le propusieron abrir nuevamente el negocio, ayudada por esta última.

De acuerdo con Cynthia, la anciana sigue dándole el toque en la preparación de la carne, pero ya no atiende las mesas para evitar que sufra alguna caída. Aquí llegamos en la mañana y nos vamos en la tarde; la llevo a la casa de mi suegra Blanca Esthela Bravo, que la atiende. Aquí volvió a nacer, esto le gusta mucho. Está activa, se levanta temprano y siempre está lista para venirse a trabajar.

La anciana también es acompañada por sus tataranietos Arlet, de 12 años, y Beto, un niño de dos años que no pierde detalle de cuanto ocurre en el pequeño restaurante.

Como ya ha sido apuntado en anteriores ocasiones, la anciana es pionera en preparar las citadas tostadas. Y una situación singular de su negocio es que, cuando hay atención al público, siempre está afuera una silla, en la banqueta. Es la señal de que hay tostadas.

Las tostadas de doña Cuca es uno de los tantos negocios que se resisten a ser cerrados en Tepic. Y en el caso de ella, es su vida.

Por cierto, a propósito de la enfermedad que aquejó a la anciana, en una pared está escrita una calavera en su honor. Dice:

Vino la calaca

muy contenta

a las tostadas,

de pronto salió

la Cuquis y la

mandó a la

$@¡¡?¿!%.

Y si.