Por: Juan Fregoso

Es penoso decirlo pero es una verdad irrefutable que a los acaponetenses nos falta mucha iniciativa, carecemos del espíritu emprendedor que podría sacarnos del atolladero económico en que nos encontramos, no de ahora, sino desde hace mucho tiempo. La cultura que tenemos consiste en que todo nuestros problemas debe resolvérnoslos papá gobierno, cuando contamos una herramienta muy poderosa que se llama inteligencia, con la cual podemos hacer muchas cosas productivas, desde luego que para ello requerimos del apoyo gubernamental, porque en la mayoría de los casos no tenemos los recursos para emprender un negocio por nuestra propia cuenta, y es ahí, donde nuestros gobernantes tienen la obligación de apoyarnos, ya que es evidente que hay cosas que las podemos hacer solos, pero la iniciativa sí es importante para motivar a nuestros gobernantes.

Lo anterior viene a colación porque vemos que la mayoría de comerciantes no son originarios del municipio. Y vemos con cierta dosis de envidia cómo esas otras personas progresan notablemente, mientras que nosotros no salimos de donde mismo, esto es así porque nos cruzamos de brazos, esperando que el dinero nos caiga del cielo. Y esta indolencia lo único que ha provocado es que sean otros los que estén prosperando, aunque los ingresos que obtienen estas gentes salen de nuestra comuna, lo que representa una fuga de capital que lleva el progreso a otros lugares de nuestro país, un saqueo permitido por nosotros mismos, que nos conformamos con ser simples espectadores y no actores que traten de salir de la mediocridad, propia de los espíritus pusilánimes, que no se atreven a innovar

La razón de que esta columna se ocupe hoy del tema de la falta de iniciativa, deriva de que sorprende que en otros estados se dediquen a la floricultura, sobre todo, en estos días en que se celebra el Día de Muertos, aunque este negocio no se limita al mes de noviembre de cada año, sino que, es un negocio explotado todo el tiempo. En un interesante artículo escrito por el periodista, Gerardo Suárez López, explica que en México se cosechan anualmente alrededor de 23 mil 500 hectáreas (de flores), con un valor aproximado de 5 mil 660 millones de pesos. El 75 por ciento de las plantas se produce a cielo abierto, mientras que 25 por ciento se genera en invernaderos con distintos niveles de tecnología.

Suárez López, sostiene que de acuerdo con datos de la Sagarpa se estima que alrededor de 15 mil personas se dedican a la producción de ornamentales (ellos incluye a los productores de flores), que generan 188 mil empleos permanentes y 50 mil eventuales. También observa, que la mayoría son pequeños productores, algunos de los cuales comienzan a transitar de la organización familiar a la empresarial, sobre todo aquellos que han logrado consolidar la etapa de comercialización, tanto a nivel nacional como internacional.

Entre otras cosas, explica que el estado de México es el productor mayoritario, pues en 2009 aportó 36. 2 por ciento del total nacional, con un volumen de 6 mil 55 hectáreas cosechadas. Le sigue Puebla y Morelos, con 24. 1 y 9 por ciento, respectivamente. Por su parte, en el Distrito Federal se destinan 167 hectáreas para la floricultura, con una producción de 19. 1 millones de plantas anuales, con un valor aproximado de 207 millones 582 mil pesos.

Apunta que los ejemplares que más se producen bajo el esquema de cielo abierto son la gladiola, clavel, girasol y nube. En tanto que, rosas, gerberas y otras plantas en maceta se generan en invernaderos rústicos, como bien equipados a nivel tecnológico. Por lo tanto, ahora se explica porqué los estados mencionados cuentan con un alto grado de desarrollo, porque tienen iniciativa, tienen espíritu emprendedor, mientras que nosotros aun teniendo grandes extensiones de tierras, muchas de ellas en estado ociosas, las dejamos a la buena de Dios. Somos ricos pobres porque así lo queremos, ya que disponemos de mucho terreno que no hemos sabido explotar, y porque la cultura que nos han inculcado, nos impide crecer económicamente, y porque además, estamos acostumbrados a los cultivos tradicionales, no queremos dar el salto que nos coloque en el lugar del desarrollo, del crecimiento y del progreso. ¿Por qué no seguir el ejemplo de estas entidades?