José María Castañeda


SANTIAGO.- Ayer lunes se cumplió el primer año del fallecimiento de un hombre bueno, al que tuve el gusto de tratar durante muchos años luego de que tuviéramos en común el gusto por el béisbol del cual fue amante fiel.

Vicente Martínez Hernández, quien fuera esposo de mi amiga Laus Luke, durante más de 50 años, durante muchos años trabajó al lado del también desaparecido empresario don Alfredo Grimm Curiel, y de su hermano también fallecido don Florencio Román Curiel, en la cervecería Superior, y que al cumplir su ciclo en la empresa referida fue llamado por el también empresario José Luís Porras Domínguez, para que le administrara la fabrica de hielo que se encuentra por la calle Morelos pegada al bordo de contención.

Vicente Martínez, hombre metódico en su forma de vida, acostumbraba a ir a misa de seis diariamente para posteriormente incorporarse a sus actividades en sus oficinas de la fábrica de hielo, donde combinaba su actividad con la de prestamista, actividad está donde daba muestras de su filantropía, ayudando a las personas con extrema necesidad como una señora cuya identidad no voy a revelar quien vive en la colonia Amado Nervo de esta ciudad, la cual al ser abandonada por su esposo, dedicó su tiempo a la venta de pozole, luego que de la noche a la mañana tuvo que hacer la labor de padre y madre para sus hijos que le pedían de comer, vestir y calzar. Vicente, mortificado por recordar que esta penuria la pasó siendo niño y su madre para sacar adelante a sus hijos también se dedicó a la venta de pozole, en una ocasión al ver a la joven madre llorando por que no tenía para pagar la renta, le dijo con la actitud que pudiera un padre a una hija, que no se preocupara dándole dinero para que pagara el alquiler de la vivienda, diciéndole de paso sabes si la dueña de la casa no la vende, diciéndole la afligida mujer y que me gano don Vicente, si no tengo dinero para pagar la renta lo tendré para comprar la casa. No te apures le dijo el noble hombre, tu trátala, yo la compro, y tu me pagas con pozole cada fin de semana.

De entonces a la fecha la agradecida mujer aún le sigue llevando pozole a su casa cosa que le agradece su esposa Laus, pero más se lo agradece la mujer quien gracias a don Vicente, tiene una casa propia que es el patrimonio de sus hijos. Otra vez llegó a su oficina uno de sus compadres, quien fue funcionario del gobierno muchas veces a decirle que de plano no tenía dinero para pagarle una cuenta de 30 mil pesos, ya que tenía el compromiso de o pagar los estudios de sus hijos o el de saldar la cuenta que tenía con el, Vicente al ver la aflicción de su compadre acomodándose las antiparras volteo a verlo, metió la mano a uno de los cajones de su escritorio, sacó el documento mercantil que previamente le había firmado su compadre y en su presencia lo rompió, para acto seguido decirle compadre ves, ya no me debes nada, huelga decir que el deudor se le rasaron los ojos de lagrimas al ver la acción. De su compadre en una ocasión estando platicando con Vicente Martínez, presencié como en un lapso de 45 minutos llegaron 7 mujeres algunas casadas otras divorciadas, algunas viudas y otras más solteras todas con un fin común pedirle dinero prestado.

Vicente al verlas llegar retiraba su vieja maquina de escribir, sacaba un block de pagares lo llenaba y les daba a las mujeres su respectivo cheque por la suma solicitada en préstamo, y en un momento en el que estuvimos solos, le dije confianzudamente Vicente, no debes de tener por lo menos 3 mujeres aparte de tu esposa, ya que las mujeres que han llegado nada más vienen a chingarte con dinero, y volteando a verme sonriente me dijo mira Chema esa pregunta que me haces yo se la hice a don Jorge Abud, cuando era su corredor y te voy a decir lo mismo que el me dijo a mi, en aquella ocasión me dijo Vicente, cuanto pude no tuve, y ahora que tengo no puedo, Así era Vicente Martínez Hernández, a quien quise recordar tal y como era un hombre bueno desprendido pero por sobre todo un excelente esposo y mejor padre de familia descanse en paz donde quiera que estés Vicente Martínez.