Por: José Ma. Narváez Ramírez.
Vuelven a atacar los fenómenos meteorológicos a nuestras costas, tal vez no llegarán de frente y se desviarán hacia otros lugares, pero no dejan de representar un peligro constante para aquellas poblaciones que sufran sus embates.
No podemos olvidar los años en que vivimos en Mazatlán, Sinaloa y varias veces nos tocó padecer en carne propia los desastres que acompañan a este tipo de fenómenos. Olivia se llamó el más implacable.
La fuerza de los vientos fue extraordinaria, ya que llegó a alcanzar velocidades de más de 200 kilómetros por hora y las descargas de agua de lluvia fueron torrenciales, durando más de cuatro horas, inundando colonias enteras causando sobresaltos, terror, desolación y muchas veces la muerte ya que se registraron 30 decesos y más de 500 heridos
Olivia, llegó bramando al puerto el viernes 24 de Octubre de 1975, a las nueve y media de la noche, cuando en verdad nadie se lo esperaba, porque ya había sucedido con anterioridad que las autoridades avisaban la llegada del meteoro y éste no se presentaba, (como dijo el Secretario de Gobierno de Nayarit, Pepe Espinosa, al comentar el día de ayer sobre el ciclón que amenaza a nuestro estado; Los ciclones no tienen palabra de honor.
Pero por sí o no, hay que tomar las precauciones que nos vienen indicando nuestro Gobernador Roberto Sandoval, por los medios de difusión, para evitar males mayores. Aquél huracán acometió a Mazatlán hace 36 años, tuvo una duración aproximada de cuatro hora y media- El juego de béisbol entre los Venados y los Mayos, se suspendió y las radiodifusoras avisaban en calidad de urgente, que se tomaran todas la precauciones posibles.
En la terminal de autobuses empezaron a volar los periódicos y revistas del puesto principal y el agua comenzó a caer a raudales. Recuerdo una nota del periódico Noroeste de Mazatlán en la que el periodista Enrique Vega Ayala, dijo al día siguiente: Los mazatlecos padecieron el más pavoroso huracán que se haya presentado en México en un lapso de 50 años. Los medios no informaron nada de que se acercaba un ciclón a las costas de Sinaloa.
Algunas calles se transformaron en ríos y los vehículos eran volcados por las fuertes avenidas, al grado de que varios vagones del tren fueron arrastrados a varios kilómetros de la estación. La torre del aeropuerto sufrió graves desperfectos y las avionetas dieron varias volteretas, dañándose considerablemente; la ciudad se vio incomunicada, ya que fue necesario evacuar a más de 30,000 damnificados, y más de 7,000 viviendas recibieron destrozos importantes. 14 localidades fueron afectadas.
Mazatlán de buenas a primeras de vio sin luz, ni agua potable, sin servicios telefónicos, sin trasporte vehicular, muchos árboles fueron derribados por la fuerza del meteoro y al día siguiente las calles estaban obstruidas por la basura y desechos, tierra y lodo, piedras y escombros, que las autoridades hacían lo imposible por recoger para dar paso a las ambulancias y vehículos que proporcionaban auxilio a los afectados.
En algunos asentamientos, la gente caminaba por los techos de las viviendas, ya que por las calles el agua corría a raudales, haciendo muy dificultoso el paso de los peatones, que iban y venían tratando de conseguir agua y alimentos. Los colchones empapados formaban hileras junto a los muebles de madera prensada que hacían fila para esperar el paso del carretón que los recogería en calidad de inservibles.
(Yo no les quiero platicar la hora en que recibí –después de hacer una desesperante cola-, ayuda de las personas que se dedicaban a proporcionarla dos cobijas de esas llamadas coconas y fue todo).
Pero Control Señores Control Gracias a Dios, volvimos a nuestra tierra, después de varios años, sanos y salvos Yo, mi esposa y ocho chamacos que formamos la familia que quiso desbaratar el huracán Olivia pero que nos vino a ver y se fue de paso tal vez porque a la hora de la llegada del ojo del ciclón, ella me preguntó con el agua a la cintura y dos hijos en cada brazo: ¿Y ahora qué hacemos, Pepe?.
Solamente se me ocurrió contestarle: Rezar hija no queda de otra.
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