Por: José Ma. Narváez Ramírez
La recolección de la basura es un servicio que al parecer, no nos cuesta o no se cobra especialmente por él, se deduce de nuestros impuestos, en los que ya viene cargada una cantidad anexa para al ramo recolección de basura.
Nuestro deber es llevarla a la esquina de nuestro domicilio –a la hora en que pasa el camión recolector- y tan tan. Pero las deficiencias han sido tantas, que la gente sale con las bolsas repletas de desechos, en su mayoría mal amarradas, y las coloca o avienta al montón, que –desgraciadamente- se va acumulando en los lugares donde se supone, pasará el vehículo y equipo humano encargado de hacer este servicio. Alguna gente saca sus bolsas repetidamente, aunque no sea la hora en que la unidad pase a recogerlas; por ejemplo si pasó a las ocho de la noche o nueve de la mañana, estas personas con toda la negligencia e irresponsabilidad del mundo, vuelven a llevar otras bolsas repletas de basura, muchas veces a una hora después de que hizo su recorrido el vehículo encargado y se vuelven a acumular los montones de basura.
Esto, aunado a los desgarriates que hacen los pepenadores de infantería que hurgando entre los desechos la dejan desperdigada para que los perros callejeros y demás animales se encarguen de regarla por todos lados, convirtiéndola en un tremendo foco de insalubridad y por ende, de alta contaminación ambiental.
Lo ideal sería que tuviéramos la curiosidad de apartar los desechos orgánicos de los inorgánicos en bolsas separadas o, si se pudiera, en receptáculos de diferente color poniéndoles una marca, para que los señores trabajadores de aseo y limpia la recojan con mayor facilidad.
Y las personas que ahí laboran, lo hacen sin uniforme reglamentario (con zapatos, guantes y cascos especiales), pero eso sí, andan en friega, al igual que las señoras y los señores de edad adulta que le pegan macizo a la dura brega en las brigadas –que llueva, truene o caigan rayos (para no incurrir en las frases de los malos recuerdos), que no se rajan al duro trabajo, a cambio de unos salarios que equivalen a casi dos mínimos diarios.
Lo ideal sería que regresáramos a los tiempos del cencerro o la campana anunciando la llegada del carretón recogedor de la basura con una media hora de anticipación y que cada ama de casa saque sus bolsas con tiempo, evitando así que sea desperdigada.
Pero, Control Señores Control la consigna sería que nadie la sacara a destiempo y que los inspectores encargados de checar lo anterior, aplicaran con dureza el reglamento para evitar caer en los mismos errores y levantaran el acta respectiva con multa, sanción o billete –mordida- correspondiente al cabo está permitido
Ya hablaremos después del basurón