Por Miguel Ángel Casillas Barajas

Esa tarde del año 69 nuestro grupo de rock Los Fugitivos y este servidor habíamos llegado al bello puerto de San Blas preparados para dar lo mejor de nosotros en ese tokín de rock en el restaurante Bar El Torino que se ubica en el corazón del puerto, a escasamente una cuadra de la plaza principal. Al entrar al lugar, me percaté de lo sombrío y anticuado de la decoración. Me dio de golpe la impresión de haber entrado en un camarote de un viejo barco pesquero, estaba lleno de clientes que departían alegremente y alzar mi vista observé que colgaban algunas carcazas de mandíbulas de tiburón que pendían de hilos colgadas del techo por todas partes, como adorno, otras mas pegadas a las derruidas y viejas paredes. Las viejas tarrayas al igual, pendían colgadas y para terminar con la decoración playera, algunas conchas gigantescas y otros productos extraídos del mar diseminados sin un orden esparcidos por todas partes. Al frente de mí, casi en mis narices, una enorme e impresionante fotografía autografiada del desaparecido actor Johnny Weissmuller que casi me encandila con su enorme y recia personalidad; para mi gusto,-pensaba- fue el mejor Tarzán que ha dado el cine norteamericano. A un costado de él, quizás un poco desangelado y opacado por la enorme foto del mejor Tarzán del cine, otra fotografía más pequeña, del actor México-Norteamericano Anthony Queen, que destacó en Holywood y que por cierto, en esa foto lucía muy joven todavía; a un costado de su foto estaba estampado su autógrafo. Después de ellos dos, había varias fotos más, de otros actores, desconocidos para mí, así como también de cantantes, políticos, y luego, otra sección de hombres de mundo que visitaban ese antiquísimo bar. En fin, la pared estaba prácticamente tapizada por todas esas figuras, algunas perdidas en los rincones mas oscuros entre estrellas de mar y otras piezas de adorno, dándole un toque típico y playero al lugar.

Fue en ese momento que me percate que estábamos pisando casi un templo sagrado, o la meca del cine de los años 60s, donde se daban cita las más grandes y refulgentes figuras del cine internacional, entonces reconocí que el Torino era considerado como una sucursal del mismísimo Hollywood.

Cerca de nosotros, en una mesa pude observar a varios músicos gringos que departían alegremente con una guitarra sonora de fabricación americana, entre ellos se encontraban los hermanos Michael y Jackie McDonald, ellos dos ya eran ampliamente conocidos en la música debido a que tenían un grupo de rock, y ambos grupos ya habíamos participado en algunos conciertos. Uno de ellos en Mazatlán, Sinaloa y otro en Ruiz, Nayarit. Así pues, los hermanos McDonald formaban parte del grupo de rock pesado llamado: La Verdad y que esa tarde, por cosas del destino habíamos coincidido en el lugar. Ya de por si reconocido por los San blaseños como el preferido para echar la bohemia por las tardes, saboreando ricas botanas y bebidas espumosas refrescantes.

Iniciamos nuestra actuación echando por delante nuestros mejores temas musicales que nos habían dado cierto reconocimiento y ubicado entre la juventud como uno de los grupos más reconocidos y solicitados de la época. Llevábamos como 10 canciones, cuando el guitarrista del grupo de la verdad Jackie MacDonald en un descanso, se paró y me pidió de favor mi guitarra eléctrica para ejecutar algunas rolas con su grupo, accedí de buena gana.

Tocaron un desfile de éxitos pasando desde Jimy Hendrix a Led Zeppelin y después otros tantos grupos mas, luego vino una invitación de Jackie para que tocáramos juntos, haciendo aquella tarde única y pletórica de Rock. Recuerdo que esa tarde nuestro contrato terminaba a las 10 de la noche, pero no nos importó lo material, le seguimos hasta altas horas de la madrugada embriagados del más rancio ritmo de los 60s, añejado en las enormes barricas de Rock.

Es por eso que el 22 de abril del 2011, en el gran concierto celebrado en San Blas quisimos regresar el tiempo atrás, y aunque sabíamos de antemano que Jackie McDonald ese genial guitarrista se encuentra en Australia, decidimos entregarle a Michael, su hermano, la guitarra que ejecutara Jackie aquella tarde glamorosa en el Torino-Bar, como un reconocimiento a su trayectoria ininterrumpida dentro del rock, y mas bien, como parte de un símbolo emblemático y como una muestra de admiración por habernos regalado aquella tarde bella, el mejor rock, en ese Bar Torino, teniendo como testigos, la brisa del mar del paradisiaco puerto neogallego.