Por Óscar Verdín Camacho


Axel Uriel es un niño de piel blanca con poco menos de tres meses de haber nacido. Es el tataranieto.

Su mamá es Carla Casillas Dueñas y su tío, Carlos Adrián. Ellos son los bisnietos, hijos a su vez de Juan Carlos Casillas Cabuto, el nieto. El papá de éste es Alfredo Casillas Castillo, hijo de la señora Ascención Castillo Hernández, la tatarabuela.

Entre la tatarabuela y el tataranieto hay casi 101 años de distancia.

Hay mucha vida. Mucha historia.

Precisamente el jueves cinco de mayo, la señora Ascención Castillo Hernández, mejor conocida como Chonita o Chona Castillo, cumplió nada menos que 101 años de vida.

A las 11:30 de la mañana de ese día, se celebró una misa en su honor en el templo del Sagrado Corazón de Jesús y María, por la calle Morelia casi esquina con Allende en Tepic.

Familiares, amistades y vecinos de Chona Castillo acudieron al templo, y horas más tarde participaron en una comida familiar.

Trabajadora en su juventud en molinos de nixtamal, con una trayectoria rica como dirigente sindical, la anciana también es conocida porque continuó una tradicional peregrinación a Talpa, Jalisco, iniciada hace 90 años por su mamá Gregoria –Goyita- Hernández, de quien se afirma que, aunque ya fallecida, ha ayudado a muchos peregrinos cuando se pierden en las veredas de las montañas entre Nayarit y Jalisco.

Apenas el uno de mayo, al concluir el desfile por el Día del Trabajo, Chona Castillo recibió un reconocimiento frente a Palacio de Gobierno por su trayectoria de lucha sindical.

Hace unos años, el Senado de la República la reconoció como una de las 100 primeras mujeres de México en ejercer el voto. Fue la primera mujer regidora del Ayuntamiento de Tepic.

Ya no es la misma fuerza, ya no es la misma vista, indicó el sacerdote que ofició la misa, pero continúa la presencia de Chona Castillo, quien recibió abrazos, besos y un fuerte aplauso de los asistentes.

La señora salió del templo caminando por su propio pie, viendo, escuchando.