Por Héctor Miguel Flores Nava

Cada vez son más los municipios del estado de Nayarit afectados por la violencia y las amenazas del crimen organizado, fenómeno que resulta a partir de una expansión de la delincuencia organizada, producto del poco o nulo resultado de los operativos conjuntos implementados por las autoridades estatales, de las cuales hace mención el procurador de justicia del estado, quien además ha asumido una actitud de minimizar los hechos violentos en la idea errónea de querer engañar al pueblo o engañarse a sí mismo.

Los municipios más afectados son el de Tepic y Xalisco, donde se sabe tienen su radio de operación las diferentes células de bandas criminales. La situación más grave se vive en la ciudad de Tepic, por ser ésta la capital y lugar desde donde se puede controlar la plaza Nayarit, por eso su disputa.

La creciente ola de violencia ha traído como resultado que muchos de sus habitantes que han sido víctimas o han sido amenazados como probables objetivos de extorsión o de secuestro, empiecen prácticamente a huir rumbo a otros estados en donde nadie los conozca, dejando tras de sí una vida comunitaria, a sus familiares y a sus amigos.

Quienes optan por quedarse, han pensado como una alternativa para protegerse el portar un arma de defensa en la idea de utilizarla en caso de verse en peligro de ser levantados o agredidos —una forma equivocada de atacar la violencia engendrando más violencia—, como una acción desesperada de querer solucionar su inseguridad, algo que el Estado ha sido incapaz de brindarles.

Decisiones que han estado tomando ciudadanos pacíficos, gente productiva, familias que se habían arraigado en su terruño, y que por este repudiable flagelo de la inseguridad, deciden dejar tras de sí toda una vida, para tratar de iniciar otra en lugares distantes.

Desde hace tiempo, de manera casi imperceptible, se ha visto el cierre de negocios, abarrotes, ferreterías, empresas constructoras, en general todo tipo de pequeñas y medianas empresas que fueron la carnada que atrajo a sus captores, a sus extorsionadores, a sus victimarios.

Por eso en Nayarit ha comenzado el éxodo, la partida, la salida y la consiguiente liberación de temores y de miedos, a través de una huida en la búsqueda de la tierra prometida, cual si fuere la epopeya bíblica de la salida de Egipto, sólo que sin un Moisés que los guíe.