Por: Olegario Zamudio Quezada
La libertad expresión o la libertad de intención de unos, termina donde inicia la libertad de expresión y la libertad de intención de otros, pues así son las batallas, se puede ingresar en alguna, hasta por ignorancia o ingenuidad, nomas no que hay que chillar, por qué ser valiente no es cosa fácil y más cuando persigues un ideal, por que cuando lo haces por dinero, la cosa es fácil....
Ahora en estos nuevos tiempos, es fácil contratar a un menor de edad, deslumbrándolo con el asunto del dinero y la vida fácil, ¿pues qué es un muchacho?, es en sí, un puñado de ideales, sueños y ambiciones y que mejor que un adulto ladino para engargolar a la muchachada en estos menesteres de seguir un afán ajeno a ellos.
Otros de los aspectos es, cuando se conmina a un chavalo a realizar una tarea específica de un afán concreto, precisamente ajeno a su persona, claro está, por lo menos, los contratantes, piden parecer o permiso a los padres de los chamacos.
Los padres de los menores, saben en qué cosas andan metidos sus chamacos, saben que andan en el crimen organizado de manera desorganizada, saben que sus hijos andan a deshoras de la madrugada realizando tareas, no dentro del orden del todo.
Quien es el responsable de la libertad de expresión o de la libertad de intención de un menor, cuando este menor delinque, acaso dirán los padres, que asumirán la responsabilidad de los actos de su cachorro, o desaforadamente exigirán se respete los derechos humanos de su vástago, quien sin permiso de ellos sus progenitores, andaba de cabrón en la calle.
Acaso dirán que es un menor de edad, que él, por lo tanto no tiene culpa de nada porque aun no ejerce el mismo su patria potestad, pero pregúntese en qué momento llegó un cabrón canalla a su casa, ese si mayor de edad, brincó a sus hijos por la barda de la fantasía y le dió el instructivo de cuando, donde y a qué horas delinquir, además de abastecerlo de herramientas.
El famoso y legendario Ponchis el Sicario, es la firma que estampó el documento de la constancia, de la descomposición de la familia y el hogar en este nuestro país, es verdaderamente vergonzante ver como los adultos deslumbran y engañan a los menores en aras de una lucha y un trabajo que no les pertenece.
Al ser presentado ante los medios, el llamado también Niño Sicario, confesó: He matado a cuatro personas, los degollaba. Sentía feo al hacerlo. Me obligaban. Que si no lo hacía que me iban a matar. Yo nada más los degollo, pero nunca fui a colgar a los puentes, nunca.
Quienes andan pintando consignas aquí en Nayarit contra algún grupo político, o andan en una guerra que no les pertenece, flaco favor se hacen a sí mismos, quienes están detrás del escritorio con bastante billetes en el cajón, conminados están, con toda educación, con esa que dicen presidir, conminados están, para armarse de valor y salir a la calle a defender personalmente lo que creen, ellos que si son mayores de edad, pues es cobarde mandar chamacos a defender sus luchas.
Esos que andan defendiendo lo indefendible, a los chamacos en desorden pues como parte de un efecto de manipulación, ya se preguntaron, ¿que fue la causa de su práctica o quien fue la causa de sus hechos?, es de hipócritas no reconocer que los han manipulado, que los han financiado y que mentiras que andaban de idealistas ejerciendo su derecho a la libertad de expresión.
Andaban claro está, en la brega de la defensa de la libertad de actuación de otros, que cobarde y simplemente no tienen las agallas para manifestarlo a pesar de que todos saben quiénes son, donde tienen sus oficinas, pero si quieren sumar gentes a su proyecto que sumen adultos, pues los menores ni eligen, ni pueden ser electos.