Por: Olegario Zamudio Quezada

Mis hermanos siempre venían en navidad a estar con Miama, mi madre fue grata en eso de darme hermanos, nomas fuimos como quince narra ella, yo solo conocí a diez, ya después de la cena de navidad, con pollo y la botella de vino tinto que siempre me acompañaba, cuando Miama se recostaba de sueño, yo me iba con mis amigos a terminar de pasar la navidad, igual era en el año nuevo.

En la calle tenía otros hermanos, los que la vida me había dado, ya desde tiempos de la secundaria, siempre nos reuníamos en casa de los padres de mi amiga Eva, por la Zapata Oriente, con Don Adán y Doña Irma padres de mi amiga, ellos siempre nos arroparon con el cariño y la fortaleza de su amistad hacia nosotros.

En la zapata estaba el Uriel A la Torre, Samuel Ramos el Samurái, Adán y el Aron Ibarra, Héctor y Sergio los novillos, Titi y el Beto boticas Zepeda, Chava el húngaro, el Momo Martinez, Monchis Zamudio, Alfredo el Abuelo, Marcos Carrillo, Chicolo Arciniega, Emilio Carrillo, Martin Sotelo el Cuadrado, Carlos Pineda, Carlos el Toton, el LLemo Figueroa, Chilo el de los tacos sudados, Ismael Topete el Maylon, Gilberto Castillo el Gibi, Gustavo Laveaga, Chuy Esparza, Alfredo Tejeda, el Chacho de la Abasolo y en ocasiones también Román el Panocho.

Héctor el novillo, nunca faltó a la cita en la casa de Don Adán, ya noche nos íbamos por la estación, llegamos a la casa de los Laveaga’s, la casa del Gustavo, del Sergio del Raúl y del chemo, los frijoles puercos eran la delicia decembrina, también caíamos con el Húngaro el papa del Chavita, después nos acercábamos a la y griega y saludábamos a Elizabeth quien fue nuestra jefa de grupo en la secundaria.

En ese lugar, entre petardos y espoletas, festinábamos las fechas navideñas, la casa de nuestro amigo Roberto Hermosillo el Tito, era algo así como la estación final, platicábamos con los padres de él, Don Roberto y la Señora Amada, hasta que nos sorprendía el sol de la mañana siguiente.

La mama del Tito Doña Amada siempre preparaba un ponche muy rico, pero lo más confortante era el trato que nos defería a los amigos de sus hijos, ella y su esposo Don Roberto siempre nos vieron bien y de ellos siempre recibimos muestras de cariño y de calor de hogar.

En ese lugar nos reuníamos también amigos de la secundaria, se juntaban entre otros, el famoso Sangres, Víctor el Vitrolas, Cirilo Ávila, Rafa Carrillo, Rubén y Roberto Hermosillo, José el pepitas o el peligros, Miguel villalvaso, Emilio y el Pin Esparzas, Alfonso Carrillo el Poncho, el Mance cuñado del Poncho, Efrén el Chato, Miguel el Tamaro, Carlos Montes Partida, El Tobi, compadre del Novillo y otros que no recuerdo sus nombres.

Así crecimos con el cariño cálido de los padres de nuestros amigos, ellos siempre nos arroparon y nos quisieron mucho, creo que aun nos quieren, nomas que pos ya crecimos y agarramos monte, ahora algunos somos papas y otros abuelos, los chiquillos del barrio de la zapata que no se juntaban con nosotros, los muy mendigos crecieron y ya se casaron casi todos.

Este veinticuatro de diciembre ojala y que nos podamos volver a reunir los de la secundaria, ojala y no llueva y hasta dulces podamos llevar para la posada, ojala si vamos en la tarde, hasta la foto del recuerdo nos podamos tomar todos los que asistamos a compartir la alegría de la amistad, del recuerdo, quizás hasta nos acordemos de cuando estábamos flacos y teníamos pelo.