Desde muy temprano nuestra gente inicia la romería de acudir a los panteones con el propósito de recordar a sus seres queridos desaparecidos e ir a echarles una vuelta para limpiar la tumba, llevarle flores, prenderle una vela o una veladora, darle una pintadita que le dure cuando menos para el año entrante o de una buena vez contratar un albañil (según como ande el presupuesto) para que le de una manita de gato, porque ya está como la mayoría de los edificios de las escuelas públicas, muy olvidada y dada al traste.

Ayer dos de Noviembre, fue ir a pasar parte del día con nuestros muertos, brindarles una oración que salga del alma pasando por el corazón sin tocar baranda, e inculcarles a los hijos el respeto por aquellos que se nos adelantaron en el viaje al eterno Oriente y que tengan la seguridad de que algún día los alcanzaremos máxime que ahora con las balaceras de los asesinos asalariados (o sicarios; no sabía que está palabra viene del latín sicarios, de sica: puñal –sin raspar muebles-) pudiera ser que esa fecha esté más cercana de lo que pensamos Pero eso solamente está en la mano de Dios y punto.

Muchas familias tienen a algunos de sus muertos en otros municipios y hacen el viaje a visitarlos, pero los más alegres (si se puede utilizar esta palabra) son mis paisanos de Santiago porque ya regresó el Señor de la Ascensión, muy contento porque viene estrenando calzón nuevo, peluca, cuerpo curado –no de espantos-(ni como el pulque), corona viejita pero arregladita, cruz recién pintada, piel más clara que como estaba (que parecía de negro cambujo) y aprovechan la ida para entrar al templo a visitarlo y orar por aquellos que están en espera de ser juzgados y a los que pronto alcanzaremos para esperar el juicio final todos juntos aunque no revueltos.

Mientras, compraremos Las Calaveras, como las que hace unos años nos deleitaba con su peculiar ingenio Mister Nuras (el amigo Piano Cipriano Silva Bernal) que a diario mataba indios y en forma muy simpática hacía su edición anual llena de lumbre del averno. En Paz Descanse.

Ahora es Pianito, su hijo, el que las saca y con las que nos alegra estos momentos aciagos, con una chispa de humor negro burlándose de los que se pueda.

Nuestra gente aprovecha (decíamos) el día para darse cita en los panteones y saludar a los vivos que también se acuerdan de sus muertos y aunque muchas de las veces casi no se reconocen al primer saludo, cuando menos hacen la lucha por tratar de recordar de quien se trata. Y es que algunos ya estamos muy cambiados por no decir viejitos y ya no nos parecemos a aquellos que de jóvenes fueron muy buenos cuates.

Pero Control señores Control ahora siguen turno de reparación en Santiago: la Cruz Atrial (que cuando se cayó representó la venganza de don Deme), el Arco que está a la entrada de la Iglesia, la pila del bautisterio, los vitrales, la cúpula que anda con cuarteadoras, la torre en igual estado, y otras cositas que necesitan reparación inmediata y lana para llevarla a cabo así es que hay que apoquinar ¡Feliz Día de Muertos!