Por Brígido Ramírez Guillén: En mis ratos libres me gusta sentarme a una mesa, de céntrica cafetería, destinada casi exclusivamente al juego de dominó, y ahí me voy a divertir y a distraerme de todo problema, con lo que me quito a la vez el tan perjudicial estrés, más cuando corren en el ambiente los dichos y vaciladas de los participantes en cada partida. Es muy común escuchar en el momento que te matan una mula la sentencia del afectado de: perdono, pero no olvido, como lo dijera en una ocasión Emilio M. González, gobernador de Nayarit.. Con ello, el sacrificado con su mula da a entender que esa acción la tendrá muy presente, en las jugadas subsecuentes en que participe el que eliminó la famosa ficha. Esa frase de perdono, pero no olvido me trae a la memoria el día en que la pronunció el líder cetemista y a la vez gobernador de la entidad. Desayunábamos, un grupo de periodistas amigos del mandatario, en Casa de Gobierno, allá por la colonia San Juan, cuando Emilio se dirigió a mí y sin ningún rodeo me expresó: mira Brígido, tú que tanto hablas bien de tu amigo Saizar y me pides con insistencia que lo haga diputado con el apoyo de tu organización periodística, no sabes lo que me hizo, pero eso sí: perdono, pero no olvido y a continuación me narró el gobernante: fíjate que un buen día me habló por teléfono tu muy estimado amigo a la ciudad de México para invitarme a la celebración de su onomástico a la ciudad de Acaponeta; a una comida que se ofrecería en determinado lugar, a la entrada de la población, dando número y calle. Llegado el momento, me vine de la capital de la República con mi equipo de trabajo usando mi camioneta y con el chofer de mayor confianza por el largo viaje por carretera. Llegamos a la llamada Ciudad de las Gardenias a la hora acordada de la fiesta, pero cuál sería mi sorpresa y la de mis acompañantes que el domicilio fijado se encontraba cerrado, sin ningún aviso visible de cambio ni nadie que nos diera razón de cambio alguno. Y después de dar varias vueltas para ver si abrían el local y no recibir señal alguna, nos retiramos y llegamos a la carretera de regreso, lo que hicimos hasta la ciudad de Tepic. Y aquí está frente a mi tu amigo, por quien tanto hablas bien, Brígido, y de quien no sabía lo que me hizo, por eso lo digo: perdono, pero no olvido. Eso le ocurrió a Emilio, pero el asunto tuvo su explicación, dada durante el mismo desayuno por el destacado periodista Antonio Sáizar Quintero, director, en ese entonces, del periódico El Eco de Nayarit. Sucede que por el mucho trabajo de la organización de la fiesta de onomástico, Sáizar le encargó a una persona que se quedara en dicho domicilio para que avisara a quien llegara a ese lugar, en especial a Emilio M. González, que el convivio se había cambiado a otro sitio, pero sucede que el encargado de dar los recados se retiró por alguna circunstancia y no cumplió con su compromiso, lo que ocasionó que algunos invitados no asistieran a la celebración. La explicación fue clara y Emilio la recibió de buena manera, tan es así que al organizarse el desayuno en Casa de Gobierno el mandatario nayarita me encargó como dirigente de la Asociación de Periodistas y Escritores de Nayarit, A.C. que colocara a Sáizar Quintero enfrente del mismo Emilio, por la mucha estima que le tenía como periodista y como político muy influyente en la región de Acaponeta y Huajicori. No es por demás decirlo que Antonio Sáizar Quintero, mi compadre, fue presidente municipal de Acaponeta, con un buen desempeño. ¿Quién no recuerda de Emilio por aquella famosa frase de campaña: El Pueblo al Poder y estando en la silla grande de Palacio de Gobierno la convirtió en El Pueblo en el Poder, dando a entender que su mandato quedaba supeditado a lo que dijera y mandara el pueblo de Nayarit. En una ocasión escuché al mismo Emilio decirle al entonces Presidente Municipal de San Blas, licenciado Ismael hermosillo: hay que convivir con la gente y dejar a un lado compromisos personales. Sucede que durante una gira de trabajo por el municipio de San Blas, el Jefe del Ejecutivo llegó a comer a Platanitos con los campesinos de la región y a un lado se hallaba sentado el alcalde Hermosillo. Emilio muy afecto a la solera en ese tipo de reuniones le indicó al Presidente Municipal que brindara, como lo hacía con él, con los hombres de campo, a lo que Hermosillo contestó que no podía tomar bebidas alcohólicas porque al día siguiente participaría como jugador de básquet en un equipo de su tierra Jalcocotán. Al escuchar eso, Emilio se molestó mucho y le replicó al alcalde que primero eran los compromisos con los campesinos y que había que convivir con ellos y dejara a un lado el juego; acto seguido el gobernante se acercó una botella de Solera y un vaso, sirviendo la bebida con hielo, limón y sal para ofrecérsela al alcalde, que se quería pasar como abstemio. Minutos más tarde Hermosillo, ya hasta hablaba inglés y por los codos por el efecto del vino.olvidándose de su básquet. Hasta la próxima. *Decano del periodismo en Nayarit y Presidente de la APENAY.